Diseño del blog y montaje de imágenes/ fotografias y videos : Mar Buelga. Textos: Olga María Ramos y colaborador@s

miércoles, 25 de mayo de 2016

HERENCIAS...




Años 50´Feria de Abril con mamá y papá

Yo heredé de mis padres unos genes que, inevitablemente, me hicieron artista. De nada valieron su pertinaz oposición, sus razonamientos para que no me subiese a un escenario ya que, aunque durante muchos años, resignada, renuncié y caminé por otras sendas, en los 80 cumplí mi verdadera vocación: cantar. 

AMOR DE MADRE

En aquel principio de los 80, se rompía mi matrimonio, mi mundo se vino abajo, el hombre al que había querido con locura me abandonaba tras años durísimos que borraron mi identidad y caí en una profunda depresión... 

Mi madre, después de verme un año naufragar sin rumbo, sin ilusiones, como una autómata, víctima de una persistente alergia que me hacía respirar con dificultad, olvidó su deseo de no quererme artista y me dijo: "¿Por qué no das clases de canto?"
A la tercera clase mi alergia había desaparecido, había recuperado mi autoestima y, en definitiva, empecé a creer en mí misma.  


La alegre terapia del Cuplé


Lo que no sospechaba es que me enamoraría del Cuplé con tal intensidad, que no me conformé con interpretarlo, sino que, fascinada, inicié una investigación inagotable como es inagotable el mundo embrujador que lo sustenta...  



Hace unos años se me ocurrió esta descripción: 

EL CUPLÉ
Por Olga María Ramos

Adivina, adivinanza 
un género musical
que es atrevido, romántico,
cómico, sentimental,
sicalíptico, dramático,
picaresco o militar.

Que se acompaña a capricho
por habanera, por vals,
chótis, mazurca, foxtrot,
charlestón o cake-bal.

Que divierte y emociona
haciendo, a veces, llorar…
al que llaman “arte breve”
siendo un arte colosal.
Que en sus poemas encierra
mil historias que contar…

¿Qué es imposible, aseguras,
un género tan total?

Eso es que nunca escuchaste
el Cuplé interpretar
como lo hiciera La Ramos
en su entrañable local

Y HEREDÉ AMIGOS

Ese es el caso del periodista y escritor Ángel del Río, Cronista de la Villa de Madrid y profundo admirador de mi madre. 



El pasado 16 de Mayo, en el colofón de las Fiestas de San Isidro, regresé a Las Vistillas. En un reciente encuentro con Ángel, le había dicho que iba a comenzar mi espectáculo leyendo parte del prólogo que me había escrito para mi libro "De Madrid al Cuplé, una crónica cantada". Cuando avancé hacia el borde del escenario, allí estaban Ángel y su simpática mujer; entonces, abrí el libro y comencé a leer el prólogo...



El cuplé hay que escucharlo con devoción, en la penumbra abacial de local recoleto, aromatizado de café o de copas con filos de carmín, que es la huella amorosa del beso en el cristal. 




El cuplé salé del alma que lo canta y se acuna en el corazón de quien lo escucha. Es tan íntimo, que lo llevamos dentro; es tan entrañable que acaricia nuestras fibras y las provoca acordes musicales, como acarician los dedos de Olga Ramos las cuerdas de un violín, que de tanto pegarse a su rostro, le ha dejado en la piel perfume de rancia madera. 


  
El cuplé es ingeniosa picardía que se viste de largo; elegante atrevimiento que sale del pecho, sin exagerar el escote. Decía algún clásico, que es un género insinuante, que todo lo dice sin ofender a nadie. Es algo de picaresca que deja la frase inconclusa en puntos suspensivos, para que el espectador cierre con una palabra lo que la imaginación le sugiera... Y, además, su música arrastra, burbujeante el ánimo. 
El cuplé es el elixir de la eterna juventud que Olga Ramos se toma cada noche antes de acostarse y por la mañana, cuando se levanta. Y aflora suave, cadencioso, por su garganta. Olga María es la hija del cuplé, porque de otra manera no podría ser la hembra que parió la Ramos de su matrimonio con El Cipri, garboso donde los hubo, madrileño castizo, chipén, amigo del bureo, cajista de imprenta, como el Julián, mecido en la cuna del sainete y criado en los ambientes más entrañables del Foro donde, como hiciera Arniches con el lenguaje popular de Madrid, incorporó a sus composiciones como todo lo que los madrileños tienen, tenemos, de cupleteros por el simple hecho de ser castizos. El cuplé es a Madrid lo que el tango a los arrabales bonaerenses, pero con más gracia, menos dramatismo y más chispa, entre picantona y "semi-recatada".

Al día siguiente, el cronista ya me anunciaba que su carta a la alcaldesa del miércoles 18 de mayo, me tendría a mí como protagonista. 

CARTA DE ÁNGEL DEL RÍO
Cronista Oficial de la Villa de Madrid

Señora Alcaldesa:

         Las fiestas de San Isidro se cerraron el pasado lunes en las Vistillas con un espectáculo puramente madrileño, castizo, entrañable. Actuó en primer lugar Mari Pepa de Chamberí, y después lo hizo la “hija del cuplé, Olga María Ramos, hija de la inolvidable cupletista Olga Ramos y del compositor del foro, conocido como el Cipri. Y de pura cepa castiza y chulapona le viene a Olga María la pasión por esa música, esas letras, ese manejo saleroso y elegante del mantón de Manila sobre sus hombros, y esa pizquita aguda de ironía y picante que le pone a sus actuaciones. El cuplé, el chotis, son la expresión más evidente de que una ciudad no puede estar en la vanguardia de los nuevos tiempos, si ha perdido su historia más íntima y tradicional. Y este es el caso de nuestro Madrid, que vive gracias a su pasado costumbrista y sencillo; gracias a esas entusiastas  agrupaciones castizas y a artistas como Olga María Ramos, que el pasado lunes firmó una actuación brillante, llena de fervor madrileñista, evocadora, sentida, en un escenario tan especial como es el de las Vistillas. Por cierto, nunca había visto en este punto y aledaños, tanto público como el pasado lunes, gente entusiasta, participativa, metida en el espectáculo. Estaba a reventar, y, créaselo señora Alcaldesa, con mucha gente joven, mucha, entretenida, interesada, abducida por el embrujo de un cuplé retrechero o de un chotís verbenero, lo que demuestra que este género no ha perdido la magia, que pese a lo que algunos piensen, sigue gustando a las nuevas generaciones, porque es parte del alma de Madrid y mientras ese alma permanezca pura, el Madrid de antaño sigue estando vigente hoy, y lo estará mañana. Gracias a la hija del cuplé, a Olga María Ramos, por ese espectáculo de madrileñismo puro y de calidad que nos regaló para cerrar las fiestas de San Isidro de este año y que despertó, una vez más, el sentimiento de Madrid que acunamos dentro de nuestro fuero interno. Gracias, Olga María


 Las Olgas cantan "Aquel Café"
L y M Olga María Ramos



Frente  a frente




Mamá, cántame "Evocación"







Los mantones son abrazos que me da mi madre

















  




A Patricia Llaneza no la heredé pero el Cuplé también tuvo que ver ya que, pese a su juventud, Patricia amaba el género y quiso incluirme en su galería. 


La primera  vez que posé para Patricia Llaneza

Fotografías que pasaron a ser "almografías" cuando comprobé que mi alma trascendía en sus imágenes. 

Muchas de ellas las pueden ver en la galería de mi nueva Web


Recuérdenme que otro día les hable de mis "Eslabones"... Verán,  llamo eslabones a las personas que de alguna forma, me ayudan a continuar, me apoyan incondicionalmente, me regalan su tiempo luchando por algo en lo que creen... 

A ellas me aferro como el que se aferra a una cadena para seguir avanzando. Estos eslabones son tan resistentes como delicados, están hechos de un material inalterable al tiempo y las decepciones. Se mantienen unidos porque les enlaza el amor a un género y a una intérprete a la que consideran auténtica. Son ya muchos los eslabones que forman mi cadena... Mar, Vianey, Faustino...
  

Y si se encuentran perdidos en un Madrid desconocido, 
acudan  al Teatro Prosperidad donde, tenaces, 
defendemos "la Banda sonora de Madrid". 





CONTRATACIÓN DE CONCIERTOS
Y CONFERENCIAS CANTADAS EN: 


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