Diseño del blog y montaje de imágenes/ fotografias y videos : Mar Buelga. Textos: Olga María Ramos y colaborador@s
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sábado, 4 de octubre de 2014

Crónicas desde el cielo: Pedro Peña. ¡Esto sí que es vida!

Pedro Peña. ©Mar Buelga. Diseño de portada del libro de Memorias de Pedro Peña

Nuestro querido octogenial, el actor Pedro Peña, falleció el pasado 2 de octubre. Mi colaboradora en este blog, la actriz e ilustradora Mar Buelga, le ha dedicado una de sus crónicas desde el cielo".
Ambas conocimos a Don Pedro y a ambas nos robó el corazón. 
Los últimos años del "abuelo Manolo" (Médico de familia) el maldito Alzheimer le fue robando los recuerdos.
La crónica celestial de Mar es milagrosa... compruébenlo.


Llevaba algo más de dos días dormitando.
Al despertar se sintió muy bien, despejado y descansado.
Miró el reloj de la mesita de su habitación. Eran las doce y media pasadas. "¡Qué tarde es!", "Me estoy haciendo un dormilón", pensó.
Rápidamente se levantó de la cama y fue al baño a asearse.
Mientras lo hacía vio su imagen reflejada en el espejo del lavabo. Lo que vio le dejó helado. Realmente aquello era asombroso.
Aunque su cabeza en los últimos tiempos no estaba muy clara, no recordaba haberse teñido el pelo y lo que él solía reconocer blanco y escaso, ahora era oscuro y muy poblado. Su cara apenas si tenía arrugas y sus manos eran las de un joven. Sus piernas que días antes apenas le respondían se movían perfectamente como por arte de magia.
 -"¡Esto es magnífico!"- exclamó.
Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridadddddd", canturreo divertido.
Incluso dio unos pequeños pasos de baile mientras se afeitaba encantado con sus dedos que ya no le temblaban como antes y que sujetaban con firmeza la maquinilla.
Se puso su mejor traje, que no sabía porque le quedaba bastante grande y se acercó a la cocina. ¡Qué bien olía!. Levantó la tapa de la cafetera y olisqueó el café recién hecho.
Sobre la mesa de formica reposaba un plato de churros recién hechos. Se sirvió una taza y lo mezcló con unas gotitas de leche. Y se llevó a la boca un churrito.
En esas estaba cuando sonó el teléfono... "¡Digaaa!"- contestó con su voz fuerte y característica de lo que él mismo se sorprendió.
Al otro lado del aparato escuchó una voz conocida: "Pedrito, dentro de media hora paso a buscarte para ir al teatro, estate preparado en el portal"."¡Hasta luego!"
No le dio ni tan siquiera tiempo a responder a aquella voz que su cabeza le decía que no podía estar oyendo.
Aún así, terminó de vestirse, se colocó el pañuelo perfumado doblado en el bolso cercano a la solapa del traje.
Abotonó solo dos de los botones de la americana y se dispuso a ir hacia la puerta. Se movía, ágil, rápido, como hacia mucho tiempo que no era capaz de hacerlo.
Todo le parecía raro. Era como uno de esos sueños en que todo es tan dulce y perfecto que no te apetece despertar. Estaba feliz como hacia muchos años que no se sentía.
Cuando se disponía a salir, oyó canturrear una dulce y femenina voz que venía de una de las habitaciones.
 "Siento renacer en mi tu amor, al saber que volverás...." cantaba.
Era la voz de alguien a quien adoraba.
¡No era posible!
Corrió alborozado por el pasillo hacia la sala de donde procedía la cantarina voz.
Al abrir la puerta, sus ojos se hicieron grandes y sonrientes como los de un niño. En sus pupilas se mezclaba la risa y el llanto, ¡Era ella!, ¡Su amor!
Pero, pero aquello no era posible. O , ¿Quizás sí? ¡Claro, ahora lo entendía todo!.
Sus piernas fuertes, sus manos ágiles, su cabeza despejada, la llamada...
Pero si aquello era cierto, podía tocarla, abrazarla y besarla.
 Y tal como lo pensó, lo hizo.
acercó a ella, que le miraba sonriente.
Y temblando como un niño enamorado, ambos se fundieron en un cálido, fuerte e interminable abrazo.
Así estuvieron muchos minutos.
Tocándose la cara, besándose cariñosamente, sujetándose de las manos, mirándose uno al otro. Reencontrándose...
Hasta que el timbre de la puerta repiqueteo nervioso interrumpiéndoles.
 "¡Ya vaaaaa!, ¡Hombre, ya va!,¡Este Luisito siempre está igual!
Y mirando cariñosamente a "su chica" le dijo juguetón, mientras le guiñaba un ojo: "¿Me acompañas mi amor?"
 Ella asintió con la cabeza. -¡Claro que sí!, "Lo que es ahora no nos separará nadie", exclamó nuestro protagonista.
Y ambos, cogidos de la mano dejaron tras de sí la puerta de todos aquellos años en los que "la vida" les había separado. Ahora empezaba una nueva etapa, eterna y siempre juntos. Juntos, porque nada podría ya separarlos.
 "¡Vamos Pedro!, ¡Que no llegamos al teatro!-dijo ella.
¿Teatro?, ¿Amor?, jajajajajajjajajaja, ¡esto sí que es vida¡. Pero que estoy diciendo: ¡Esto sí que es muerte!, jajajjajaja.

http://cronicasdesdeelcielo.blogspot.com.es/

domingo, 14 de abril de 2013

Crónicas desde el cielo: “El último paseo”

Queridos amigos, le he pedido a Mar Buelga que hoy incluya su crónica desde el cielo dedicado a Sara Montiel. Estoy segura que os gustará leerla. Ella suele dedicar estas crónicas a las personas que le dejaron huella (en el lateral de este blog, podréis leer otras crónicas en el blog que lleva ese nombre) http://crónicasdesdeelcielo.blogspot.com
He aquí lo escrito con tanta sensibilidad...




Anteayer se nos fue Sara Montiel. Se ha dicho tanto de ella...
Curiosamente hoy en el tren me surgió esta crónica, o ,¿debería llamarla Mini-crónica desde el cielo?, nunca una crónica me había salido tan rápida y tan corta...
Será porque Sara era de por si, mucha Sara. Espero que allá donde esté le guste... y sino... que me lo perdone.

Caminaba lentamente por las calles, recordando cada uno de los minutos pasados en aquellos paisajes.
¿Recordando?, al menos eso pensaba. Todo le parecía tan conocido, tan paseado,tan real…
Sin embargo, todo estaba desconocido a la vez…
Era a al vez una gran ciudad y un pequeño pueblo con campos de labor y viejos molinos de viento coronados con altísimos rascacielos. Se sentía cual Quijote luchando con gigantes desconocidos que a la vez tenían un extraño efecto magnético que la atraía, pero de los que se quería apartar.
Parecía un nuevo reto y a ella le encantaban los retos.
Todos aquellos extraños y a la vez conocidos parajes, estaban rodeados de maravillosas y algodonosas nubes…
¡Y todo brillaba tanto… ¡
Se sentía tan bien, tan joven, tan guapa, tan… tan contenta.
Realmente hacia mucho, mucho que no se sentía así.
Notó como sus pies descalzos pisaban la tierna recién trillada de la era. Y como a la vez la inundaba un magnífico aroma a perfume de violetas digno de una diosa o simplemente de una campesina.
Nunca, ni el éxito, ni las joyas, ni tan siquiera el más dulce de los besos la habían hecho sentirse así.
Siguió caminando y el final del camino todo comenzó a tornarse multicolor y el aire, como por encanto, era cada vez más suave y reconfortante y así se poco apoco comenzó a sumergirse en un relajante y tranquilizante sueño.
Poco a poco comenzó a escuchar una voz suave, melodiosa que le susurraba al oído:
“Descansa, Antonia, hija mía, estarás cansada de tan largo viaje. Al fin estamos juntas de nuevo… duerme tranquila…
¡Mañana será otra vida!